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Querido
Papi:
Realmente este
año se me hizo muy difícil pensar en un regalo para
vos. Primero, no tengo un mango, casi toda la guita me la gasté
en traer a un ingeniero chileno para solucionar mis problemas técnicos,
pero no me sirvió de nada. Después, tuve que viajar
por varios países de América y vos bien sabés
lo que me cuesta, no me gusta viajar en avión, salvo que
sea de cabotaje, sufro mucho, me pongo mal, me deprimo, me agarran
esas rabietas que tanto te había dicho (parece que el psicólogo
mucho no me ayudó). Por último, (y no es que este
llorando, pero ¿qué otra cosa puedo hacer?) la visita
a tu casa el otro día me dejó mal, llevé las
cintitas de colores, pensé que iba a ser el protagonista
de la fiesta y otra vez me arruinaste todo. O sea, entendelo: soy
tu hijo, dejame tranquilo, no quiero seguir compitiendo con vos,
no se qué es lo que tanto te gusta, teneme piedad, te ensañás
mucho conmigo, no sé qué te hice.
Bueno, mas allá
de mis problemas, estuve pensando qué regalarte, pero me es
muy difícil. Iba a comprarte una Copa, pero después
terminás quejándote de que te doy algo que ya tenés
y que solo lo compro para después quedármelo yo. O sino,
te puedo sacar un pasaje a Japón, pero podríamos ir
los dos, ¿no? Dale, vos siempre vas solo, yo fuí hace
un montón, ya ni me acuerdo, la pasé mal, quisiera ir
y divertirme, y seguro que con vos la voy a pasar bien... ¿me
dejás? Dale, lo pago yo, total acordate que yo soy millonario.
Bueh, te mando un abrazo y espero que todos tus sueños se puedan
cumplir.
Te quiere mucho, tu hijo River Plate.....
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